COCA SANT JOAN

La coca de Sant Joan, una dulce tradición

El mundo de las cocas –especialmente de las dulces- tiene una larga tradición en los países de habla catalana, gozan de una relevancia brillante. El origen de la pastelería se remonta a la antigüedad. Para endulzar las cocas y los pasteles –cuando aún no se conocía el azúcar- se utilizaba la miel… de hecho, el azúcar no se conoció hasta muchos años más tarde.

Las cocas, dulces o saladas, siempre han sido, desde la más lejana antigüedad, muy populares y frecuentemente se relacionan con muchas fiestas populares y tradicionales. El Llibre de totes les maneres de confits, del siglo XV razona y evidencia este pasado de pueblo precursor en la divulgación del arte de la pastelería.

Sant Joan está a la vuelta de la esquina y, como toda fiesta, posee su particular dulce gastronómico: la coca de Sant Joan. La coca de Sant Joan es uno de los tantos manjares populares y festivos –capellaneros o seglares- que pertenecen al tierno paisaje que conforma la cocina dulce más tradicional. Y hablo de paisaje tierno porque el mundo del dulce es el que más a  menudo nos acerca a nuestros recuerdos de infancia.

Hoy, la coca de Sant Joan sigue siendo la protagonista preferida de una verbena que coincide con el día más largo y, al mismo tiempo, la noche más corta del año. Pocas fiestas infunden, en nuestro país, una atracción como esta. Es la fiesta del fuego y las hogueras, del solsticio de verano que marca el paso de la primavera al verano, de la magia y la seducción, una fiesta cóctel de costumbres, creencias y tradición. De comidas, de compañerismo y de coca de Sant Joan.

Por lo que parece, antiguamente, las cocas de Sant Joan acostumbraban a ser redondas y tenían un pequeño hueco en el interior. Hoy, su forma es alargada, canónica y aproximadamente de doble longitud que anchura. Antes, como tantas elaboraciones dulces y de cariz popular, las cocas de Sant Joan se preparaban en las casas y se comían al aire libre, en familia o con amigos, ya que se suponía que comerlas en casa, solo con la familia, llamaba al infortunio.

He probado cocas de Sant Joan de distintas apariencias y tipos. Evidentemente, siempre dulces, azucaradas. La más común de todas es la de fruta confitada. También las hay de manzana –en este caso, solo manzana, sin otras frutas- de crema, de piñones y de chicharrones. Algunas, aromatizadas con canela, otras con vainilla y, también, con raspadura de limón. La base tradicional es el brioche. Hay quien la enriquece con agua de azahar y con buena mantequilla.

Encima del brioche me gusta una ligerísima, casi imperceptible, cobertura de mazapán rebajado con un poco de agua que es lo que le aporta una sutil sensación crujiente al morderla. Encima de esta fina capa de mazapán se pone la fruta confitada y, finalmente, los piñones. Justo antes de introducir la coca en el horno se reparte el azúcar por encima.

Por las fechas cercanas a Sant Joan podréis degustar en La Venta la nueva carta con interesantes y refrescantes platós de verano.

Acogeros en La Venta –como siempre- será un gozo y un placer.

 

 

– Josep Vilella –