Todas las ciudades esconden pequeños secretos. Cada una guarda pequeñas historias. Son historias con un atractivo particular, sitios que no necesitan cambiar, que con el paso del tiempo terminan formando parte de la memoria de la ciudad.

Cualquier sitio, para ser recordado, tiene que estar hecho de recuerdos emotivos. La Venta, dónde termina el Tramvia Blau, es uno de ellos. Con más de cien años de historia sigue siendo un sitio vital, contemporáneo, imprescindible.